En el siguiente artículo se hará una reseña a modo de ítems de los que se extrajo del capítulo 3 del libro “Inmersión Total” de Terry Laughlin y John Delves. Alli pude rescatar los siguientes tips:
· Los nadadores mas rápidos producen menos fuerza propulsiva que los nadadores que no son de elite. Los primeros son capaces de generar más fuerza propulsiva pero no necesitan hacerlo para ir más rápido; son mar rápidos debido a como deslizan el cuerpo por el agua y no por la fuerza que generan en cada brazada.
· Principios de la natación eficaz: equilibrar el cuerpo en el agua, alargar el cuerpo, nadar de costado
De estos principios en este artículo analizaremos solamente el primero, por el momento y que titularemos como:
Un mejor equilibrio: la principal fuente de ahorro de energía.
Cuando algún nadador se queja de que necesita desarrollar una patada más fuerte, el mejor ejemplo es la comparación con el patinar, al comenzar en esta actividad lo más común es buscar fuerza con las piernas para avanzar y lo que se logra es durar poco tiempo en ese primer encuentro con el patín ya que los dolores que comienzan a aparecer en la parte baja de la espalda nos impiden seguir con el ritmo frenético que se intenta poner de entrada. “La diferencia entre patinadores no estaría en la fuerza muscular de la espalda o en las piernas, sino en la transferencia del peso” nos dirán los autores. “los buenos patinadores saben en qué momento deben transferir el peso de un pie a otro. Los dolores en el centro de gravedad que puedan aparecer son la expresión de la búsqueda constante del equilibrio en la que se encuentra el cuerpo de un patinador que no transfiere el peso y lo remplaza por fuerza. El secreto está en la búsqueda inteligente del equilibrio. Por inteligente quiero decir consiente de los que se está haciendo tratando de buscar una imagen corporal lo más parecida posible a lo que se está haciendo(es decir lo que se ve de afuera), para ello nos valemos de las sensaciones (sentir el agua en cada parte del cuerpo y lo que genero con cada movimiento).
Al igual que los patines algunos nadadores cometen el mismo error, saben que las caderas y las piernas parecen arrastrarse demasiado por debajo de la superficie del agua, también saben que no solo en el error más común junto con la brazada, sino también el más grave. Sin pensarlo dos veces y con mucho sentido común agarran una tabla y largo tras largo practican la patada con la esperanza de que esto fortalezca sus “problemáticas” piernas. Pero el problema no son las piernas.
Una patada débil no es lo que impide nadar mejor, sino un equilibrio deficiente. En el agua cuando se corrige los nadadores descubren que una patada débil no es el problema.
Obtener el equilibrio correcto solo podrá corregirse con la práctica; el cuerpo humano no ha sido diseñado para flotar con eficacia en el agua pero si para la tierra. Largas piernas junto a un centro de gravedad bajo lo demuestran. Por encima de la cintura somos casi todo volumen, esto significa que el torso flota mejor y que de la cintura para abajo nos hundiremos como piedras (mucho más los varones por tener mayor proporción de masa muscular con respecto a masa grasa). Es normal que el extremo más pesado y largo tienda a hundirse.
Batir con fuerza para compensar agotará. Lo que se necesita es conocer el modo de subir las caderas al lugar donde corresponde: “la única manera de hacerlo es presionando sobre su boya”: “¿Qué pasa si empuja una pelota de playa en el agua?...el agua vuelve a empujarla hacia arriba”. El cuerpo tiene un punto que flota de la misma forma: el espacio que hay entre las dos axilas; el autor lo denomina: “su boya personal”.
Presionando la boya en el agua y el agua la empujara hacia arriba. Si se mantiene la presión en este lugar también el agua empujara las caderas hacia arriba. Dejar que la presión del agua lleve las caderas hasta la superficie supone un gasto menor de energía que intentar levantarlas dando patadas. También se puede usar el peso de la cabeza a modo de contrapeso; “…el cuerpo en el agua es como un balancín desequilibrado, con el fulcro situado entre la cintura y el esternón.” El extremo más largo y que pesa más tiende a hundirse, pero si se utiliza el peso del lado opuesto, el balancín se nivela fácilmente. Para realizar esto el autor propone que el nadador imagine que tiene una barra de acero que va desde la cintura hasta la parte superior de la cabeza, mantener esa conexión intacta ayudara a elevar las caderas a la superficie. Si se rompe la conexión, por ejemplo levantando la cabeza para respirar en lugar de llevarla hacia un lado con el giro del cuerpo, la fuerza de la gravedad hará que las caderas y las piernas se hundan de nuevo. Manteniendo esa conexión se sentirán las caderas más ligeras y las piernas rozaran la superficie del agua sin esfuerzo, el autor describe esta sensación como “nadar cuesta abajo”.
Para finalizar, no se garantiza que lograr esta posición le resulte fácil a todo el mundo. A los que flotan menos (triatletas y corredores de complexión delgada), les resultara más difícil subir completamente las caderas hacia arriba. No hay que preocuparse si el cuerpo esta dos a cuatro centímetros por debajo de la superficie, pues no se trata de flotar como corchos sino de alinear las partes superiores e inferiores del cuerpo casi de forma horizontal a la superficie, con las piernas y caderas lo más cerca de ella. De este modo se reducirá considerablemente la resistencia al agua. Y al reducir la resistencia experimenten lo que ocurre con la velocidad.
Un aumento considerable de la velocidad no es el mayor beneficio que la mayoría de los nadadores sentirán al aprender cómo obtener el equilibrio, pero se sentirán mucho más relajados en el agua. En cuanto nos damos cuenta que el agua soporta más el peso del cuerpo de lo que imaginábamos, nadar resultara mucho menos agotador.
Para el próximo informe trataremos el segundo principio: “alargar el cuerpo en el agua”
Articulo publicado por Nacho Julio